En cierta ocasión el enano de la cabeza perdió unas cartas. Pasaba el tiempo y el enano del corazón seguía sospechando que había sido a posta. Nunca hablaban del tema.
Algunas veces, cuando estaban tranquilos se miraban, y luego miraban a otro lado.
Desde aquella vez, cuando el enano de la cabeza separaba el correo, el del corazón siempre estaba presente, haciendo ver que casualmente pasaba por allí, pero golpeando con las yemas en la mesa, rítmicamente.
El enano de la cabeza manipulaba la correspondencia haciendo pinza con el pulgar y el índice, como los magos, con la camisa arremangada. Y decía:
- Una para ti, otra para mí, una para ti…
A veces el enano de la cabeza se acercaba alguna carta a la nariz, con cualquier excusa.
- ¿Huele bien? - Preguntaba el enano del corazón reclamándola suavemente con dos dedos.
- Otra vez será, si se pierde alguna no te preocupes, acaban volviendo.
- Ya.
- Además, no todas son buenas noticias, a lo mejor tuviste suerte.
- Ya.
- ¿Me perdonas?
El enano del corazón agarraba sus cartas y mientras se iba contestaba:
- Otra vez será.
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