Lo del cajero (191 palabras)

Por cierto, el enano del corazón se cogió todas las vacaciones que tenía acumuladas y decidió que era el momento de salir a conocer mundo.

Inquieto por naturaleza, era incapaz de estar así sin hacer nada. Se busco un trabajo que le tuviera ocupado, menudas vacaciones. Estuvo trabajando en un cajero automático. Así se relajaba. Decía.

Contaba los billetes, imprimía saldos y calculaba comisiones. Estaba todo el día ocupado sin pensar en nada más.

Decía que estaba bien, pero no era verdad del todo. Al principio echaba de menos el hogar, y al final se moría de ganas de volver. 

Para el enano del corazón es todo un volunto, cuando quiere irse le da igual todo, se obsesiona y hay que salir de aquí ahora. Ya está. Pero cuando quiere volver es lo mismo. Es así y basta.

Volvió temeroso, porque sabía que el enano de la cabeza le iba a echar una bronca monumental.

Se encontró todo manga por hombro.

- ¿Qué ha pasado aquí?

El enano de la cabeza no estaba enfadado. Lo abrazó y le dijo al oído:

- Te he echado de menos, cabroncete.

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