Romeo (333 palabras)

Querida Julieta:

Debes saber que no soy quien crees. He intentado serlo, dios sabe como, pero ha llegado el momento de la verdad.

No soy alto, ni rubio, ni ingeniero, ni conozco a Bruce Sprinteen, ni le he compuesto ninguna canción, ni siquiera hablo inglés.

La foto que te mandé es de un primo mío. La recorté del álbum familiar.

Tampoco tengo negocios, trabajo de dependiente en una mercería. No me gusta mi trabajo, no me gusta mi vida, por eso he sido quien quería ser mientras me comunicaba contigo.

He creado una ilusión y me he acabado liando. No se como pedirte perdón.

Llevo una semana sin comer, desde que fijamos nuestro primer encuentro.

Lo único verdadero es el sentimiento. Te quiero.

Me siento culpable y ridículo. Cuando encuentro a la persona de mi vida lo fastidió todo. Ya nada tiene sentido para mi.

No acudiré al encuentro.

Si te sirve de consuelo te diré que en momento de echar esta carta al correo mi corazón estallará en pedacitos y se desperdigará por el suelo definitivamente.


Querido Romeo:

He recibido tu carta y la he leído.

He vivido en una nube estos últimos meses. Debo confesarte que cada detalle que conocía de ti me ilusionaba más y más, cada palabra era la confirmación de que tú eras mi media naranja. Los días se me pasaban recomponiendo cada centímetro de ti, cada faceta de tu personalidad, te convertiste en lo más cercano a mi príncipe azul.

Y ahora esto…

Puedo confesarte ahora que algo sospechaba, había un detalle que nunca se confirmaba, tanto adorno, tanta perfección nunca culminaba. Nunca acabaste de ser el hombre ideal.

Me escamaba tanta inteligencia, tanta intrepidez, tanto gimnasio, porque algo echaba en falta, algo que tú no querías mostrarme, que nunca llegaba. Pero al leer tu carta lo he comprendido todo.

Se han confirmado mis sospechas

A todos los adornos de tu adorable persona le faltaba algo, y ahora sé que también tienes un gran sentido del humor. 

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